La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) plantea que el principal desafío digital de la región ya no es desplegar más infraestructura, sino lograr lo que el organismo llama «conectividad universal significativa», que implica que las personas puedan disfrutar de una experiencia en línea segura, satisfactoria, enriquecedora, productiva y asequible, no solo tener una señal disponible.
Para la UIT, una conexión solo es significativa cuando además es de calidad suficiente, asequible para el bolsillo del usuario, segura, y cuando la persona tiene las habilidades necesarias para usarla de forma productiva, ya sea para trabajar, estudiar o acceder a servicios. Bajo esa definición, un país puede reportar altas tasas de cobertura de red y aun así tener una brecha digital real, si buena parte de su población no puede pagar el servicio o no sabe aprovecharlo más allá de lo básico.
El planteamiento se discutió en el Foro Regional de Desarrollo para las Américas de la UIT, celebrado en Cartagena, Colombia, donde el organismo pidió avanzar hacia marcos regulatorios más flexibles, colaborativos y orientados a la innovación para atraer inversión y acelerar la transformación digital. Los paneles coincidieron en que la regulación debe pensarse con una lógica habilitadora, con normas que fomenten la competitividad y la inclusión sin levantar barreras artificiales a la inversión, y que evolucione al mismo ritmo que las tecnologías emergentes en vez de convertirse en un obstáculo para el desarrollo económico.
El planteamiento conecta con lo que ya había señalado la Cepal días atrás. Solo 23% de las organizaciones latinoamericanas logra generar valor económico con inteligencia artificial, y apenas 10% de las empresas usa estas herramientas pese a que cerca de la mitad ya tiene acceso a banda ancha de alta velocidad.
Para la UIT, cerrar esa distancia entre cobertura y uso productivo requiere que los reguladores dejen de medir el éxito solo en kilómetros de fibra o antenas desplegadas, y empiecen a incorporar asequibilidad y habilidades digitales como métricas centrales de sus políticas de conectividad.