Tercer operador móvil de telecomunicaciones, el reto de Panamá para 2026

La administradora general de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP), Zelmar Rodríguez, confirmó que Panamá se prepara para la entrada de un tercer operador móvil, con miras a su incorporación en 2026. La iniciativa busca ampliar la oferta en el mercado y reducir el riesgo de concentración que representa la actual estructura dominada por dos operadores principales.

“Lo que nos preocupa más es esa realidad del duopolio. Por eso queremos traer un tercer operador para 2026”, declaró Rodríguez en una entrevista publicada por La Estrella de Panamá el pasado 4 de noviembre en su sección “Polígrafo”.

Rodríguez explicó que, desde 2023, ASEP ha sostenido reuniones con empresas interesadas en ingresar al mercado nacional. Entre las alternativas que se analizan figura un modelo “híbrido, es decir: virtual y presencial”, pensado para facilitar la entrada de nuevos actores sin exigir un despliegue completo de infraestructura propia desde el inicio.

¿El modelo actual será suficiente? Barreras del mercado y la oportunidad regulatoria

La entrada a un mercado ya establecido implica riesgos significativos para nuevos jugadores. Los costos de despliegue, la fidelidad de los usuarios a marcas consolidadas y las posibles barreras contractuales o comerciales limitan la competitividad real si no existen condiciones que nivelen el terreno. Esta situación ha llevado a que, en diversos países, se adopten modelos como el del Operador Móvil Virtual (OMV), donde empresas comercializan servicios móviles sin infraestructura propia, utilizando redes de operadores establecidos bajo acuerdos mayoristas.

Otra alternativa aplicada internacionalmente es el modelo neutral host, donde la infraestructura, como torres o estaciones base, es compartida por varios operadores, permitiendo una expansión más eficiente y menos costosa, sobre todo en zonas rurales o de baja densidad poblacional. Ambas figuras han sido impulsadas como respuestas regulatorias y comerciales frente a la concentración de mercado, sin que ello implique una ruptura del modelo tradicional, sino más bien su adaptación a una era digital que ha redefinido los esquemas de provisión de servicios regulados de telecomunicaciones.

Panamá, con una alta penetración móvil pero con un mercado claramente establecido, tiene ante sí un reto estructural: garantizar competencia efectiva sin desincentivar la inversión, y ampliar las opciones del usuario sin debilitar la sostenibilidad del ecosistema. La decisión de traer un tercer operador, ya sea virtual, físico o híbrido, será tan relevante como las condiciones bajo las cuales ese operador podrá competir.